Primeros pasos

Captura y liberación: buenas prácticas que mantienen vivos a los peces

Aprende técnicas comprobadas de captura y liberación para mantener a los peces vivos y sanos. Una guía para principiantes sobre cómo manipular, desanzuelar, reanimar y liberar peces de la forma correcta.

Escena ilustrada de un pescador arrodillado a la orilla del agua, sosteniendo con suavidad un pez mojado justo bajo la superficie con ambas manos mientras este nada libre

Photo: CDHS / No restrictions via Wikimedia Commons

La captura y liberación es una de las formas más sencillas de pescar de manera responsable, pero liberar un pez no es lo mismo que liberarlo vivo. Un pez que se aleja nadando con buen aspecto puede morir horas después por estrés, agotamiento o una lesión que nunca llegaste a ver. La buena noticia es que la supervivencia se reduce a un puñado de hábitos que puedes aprender desde tu primera salida.

Esta guía te lleva paso a paso por esos hábitos, desde el momento en que un pez muerde tu cebo hasta el instante en que vuelve a deslizarse al agua. Si lo haces bien, la gran mayoría de los peces que liberes seguirán viviendo, creciendo y quizá hasta picando de nuevo algún día.

Por qué la captura y liberación sale mal

La mayoría de las muertes tras la liberación no las causa el anzuelo. Las causa lo que ocurre después del anzuelo, mientras el pez está fuera del agua y en tus manos. Las tres amenazas más grandes son el estrés, la asfixia y el daño físico.

Un pez lucha con fuerza al quedar enganchado, lo que inunda su cuerpo de ácido láctico, igual que los músculos de un velocista tras una carrera a fondo. Si sumas el agotamiento a la exposición al aire y a una manipulación brusca, llevas al pez más allá de lo que puede recuperar. Casi todas las buenas prácticas que verás a continuación existen para reducir una de estas tres amenazas.

Saca el pez rápido

Una pelea larga y prolongada resulta emocionante, pero agota al pez y reduce sus probabilidades de sobrevivir. Usa un equipo acorde a la especie que buscas para poder sacar el pez de forma eficaz, en lugar de fatigarlo por completo con un aparejo demasiado ligero.

  • Ajusta bien el freno para poder aplicar una presión constante.
  • Recoge al pez con decisión en vez de dejar que escape una y otra vez.
  • Evita pescar en aguas demasiado cálidas, donde el oxígeno es bajo y los peces se recuperan mal.

Mantén al pez mojado y tranquilo

La exposición al aire es una de las partes más dañinas y más subestimadas de todo el proceso. Un pez respira haciendo pasar agua por sus branquias, y fuera del agua esos delicados filamentos branquiales se colapsan y se pegan entre sí, como un pincel mojado que se saca de un vaso.

  • Mantén al pez en el agua tanto como sea posible mientras le quitas el anzuelo.
  • Si tienes que levantarlo, procura que la exposición al aire sea de menos de 10 segundos y luego devuélvelo al agua para que respire.
  • Mójate las manos antes de tocar al pez para no arrancarle su capa protectora de mucosidad, que lo defiende de infecciones.
  • Nunca dejes que un pez se agite sobre rocas, grava, hierba seca o la cubierta caliente de una embarcación.

Esa capa de mucosidad importa más de lo que parece. Las manos secas, las toallas secas y las superficies secas la raspan y abren la puerta a las enfermedades.

Sujétalo con un agarre suave y firme

La forma en que sostienes a un pez determina si lo sujetas o lo lesionas. El objetivo es un agarre seguro pero delicado que mantenga protegidos los órganos internos y la columna del pez.

Sostén el cuerpo

Para peces más grandes, sostén el peso en horizontal con una mano bajo el vientre, cerca de la cabeza, y la otra cerca de la cola. Nunca sostengas un pez pesado en vertical solo por la mandíbula, ya que eso puede dislocarle la mandíbula y forzar la columna.

Protege las zonas vitales

  • No aprietes al pez, sobre todo alrededor del vientre blando.
  • Mantén los dedos fuera y lejos de las branquias, que son frágiles y sangran con facilidad.
  • Evita tocar o presionar los ojos.

Quita el anzuelo de la forma correcta

Un desanzuelado limpio y rápido le ahorra mucho estrés al pez. Un poco de preparación lo hace mucho más fácil.

  1. Ten unos alicates de punta fina o un extractor de anzuelos al alcance antes de empezar a pescar.
  2. Saca el anzuelo por el mismo camino por el que entró, con una presión constante en lugar de tirones bruscos.
  3. Aplasta de antemano las lengüetas de tus anzuelos, o usa anzuelos sin muerte, para que salgan limpiamente.
  4. Si el pez está enganchado en lo profundo de la garganta o del estómago, no hurgues para sacar el anzuelo. Corta la línea lo más cerca del anzuelo que puedas hacerlo con seguridad y déjalo. Muchos anzuelos se oxidan o se sueltan con el tiempo, y eso es mucho mejor que el daño que causa arrancar uno.

Los anzuelos circulares merecen una mención especial. Por su forma, tienden a clavarse en la comisura de la boca en lugar de en lo profundo, lo que los convierte en una excelente opción para la captura y liberación, sobre todo con cebo vivo o natural.

Usa una red que ayude, no que dañe

Una buena red de captura mantiene al pez tranquilo y acorta el tiempo de manipulación. La red equivocada puede causar un daño real.

  • Elige una red de goma o de malla de goma sin nudos. La malla de nailon tradicional con nudos raspa la mucosidad y puede enredar aletas, mandíbulas y anzuelos.
  • Mantén al pez dentro del agua mientras trabajas, en vez de dejar que se sacuda en el aire.
  • Evita usar herramientas de agarre por el labio como sustituto de un sostén corporal adecuado en peces pesados.

Reanímalo antes de soltarlo

No te limites a dejar caer a un pez cansado y marcharte. Un pez que sale disparado en cuanto lo sueltas suele estar bien, pero uno lento necesita ayuda para que el oxígeno vuelva a circular.

Para reanimar a un pez, sostenlo en posición vertical dentro del agua, de cara a una corriente suave. En agua quieta, muévelo despacio hacia adelante en línea recta, o mantenlo firme, de modo que el agua le fluya por las branquias de adelante hacia atrás. No lo muevas rápidamente de un lado a otro, ya que eso fuerza el agua en sentido contrario. Sujétalo hasta que el pez recupere el equilibrio y se libere por su propia fuerza. Con un pez fuerte y sano esto tarda segundos. Con uno cansado puede tardar un minuto o más, y esa paciencia es lo que lo mantiene vivo.

Una lista rápida antes de salir

Antes de tu próxima salida, asegúrate de tener:

  • Alicates de punta fina o un extractor de anzuelos específico.
  • Anzuelos sin muerte, o lengüetas que ya hayas aplastado.
  • Una red de captura de goma o sin nudos.
  • Un plan para mantener cortos el tiempo de manipulación y la exposición al aire.
  • Una revisión rápida de la normativa local vigente.

Reflexiones finales

La captura y liberación bien hecha es una habilidad, no solo una intención. Saca el pez rápido, mantenlo mojado, manipúlalo con manos húmedas y suaves, quita el anzuelo limpiamente y tómate un momento para reanimarlo antes de soltarlo. Ninguno de estos pasos es difícil, y juntos marcan una diferencia enorme. Trata a cada pez como uno que quieres volver a capturar y saldrás del agua sabiendo que le diste la mejor oportunidad posible de nadar un día más.